Por Willy Diversia Corresponsable -Barranquilla
Empieza la cuenta regresiva, los corazones palpitan, las
manos tiemblan, en la mente se tejen nuevos planes y la ilusión recibe en sus
brazos una nueva pregunta ¿habrá llegado el día?
El 22 de julio la corte constitucional colombiana decide
después de un largo recorrido y muchas piedras en el trayecto la posibilidad de
modificar la ley para permitir el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Un
hecho que sin duda tendrá una significancia histórica no solo para el contexto
social colombiano, sino además en el ámbito latinoamericano e inclusive
mundial. Asimismo será un síntoma definitivo del estado laico que se está
pregonando hace años, pero cuyos efectos aún son dudosos.
La supremacía del reconocimiento de derechos igualitarios es
tan importante como saber qué hacer con ellos, por eso la pregunta para la
comunidad LGBT es: y si lo aprobaran ¿Qué viene después?
Para hacernos una idea entablamos una conversación con
Osvaldo Sabino. Quien aparte de ser un reconocido artista e impulsor de la
dramaturgia a nivel internacional, fue el pionero del movimiento LGBT en
Argentina, primer país latinoamericano en aprobar el matrimonio igualitario.
Osvaldo ha sido un activista que a lo largo de su vida presencio los primeros
logros del movimiento en su nación en medio de una agitada situación política,
pero también los rigores de la persecución que inclusive lo exiliaron de su
país. Hoy tengo el placer de recibir sus apreciaciones sobre el activismo
latinoamericano y los retos que compromete la extensa e inacabable búsqueda de
la libertad y la igualdad:
El año pasado tuvimos la oportunidad de ver como Argentina
se convirtió en el primer país latinoamericano en aprobar el matrimonio entre
parejas del mismo sexo bajo el reivindicatorio titulo de matrimonio
igualitario. Como pionero del movimiento LGBT en Argentina ¿Cómo recibió este
hecho?
Debo confesar que me sorprendió, gratamente, por supuesto.
Pero hasta el momento cuando se anunció, no creí que llegara a pasar. Tal vez haya sido porque es mi costumbre no
esperar nada y cuando sale algo bueno, lo disfruto el doble. Esa noche, un año atrás, hacía un frío
tremendo, y eso aumentaba la emoción de ver la Plaza del Congreso desbordada de
compañerxs. Imaginate, yo vengo en la
lucha desde los comienzos, a fines de los ‘60s, tenía tan sólo dieciséis años
cuando me uní al grupo Nuevo Mundo, del que luego surgió el Frente de
Liberación Homosexual (FLH), que fue el primer movimiento de liberación queer
latinoamericano. Fueron los dos únicos
grupos a los que pertenecí oficialmente, nunca me afilié a un partido político,
ni a una organización. Creo que el
activismo que practico implica estar donde pueda colaborar, pero sin comprometerme
con nadie. Hay demasiado antagonismo en
la política, los militantes terminan sin saber hacia dónde ir. Yo elijo, y no le rindo cuentas a nadie. Y hago lo mío, como escritor, filosofo,
dramaturgo, director. Por eso mucha gente se asombró de mi ausencia en el
escenario esa noche. No necesito de
honores, menos aún de cámaras.
Con el reconocimiento
legal y social de las uniones entre parejas del mismos sexo ¿se acaba la lucha
por la reivindicación de derechos o crees que aún queda tela por cortar?
Esa libertad que logramos, después de cuarenta y tres años
de lucha, fue incomparable. Pero, cuidado, fue sólo el comienzo de una nueva
lucha. El hecho de que hayamos conseguido el matrimonio igualitario, no implica
que seamos completamente libres. Ahora
hay que reorganizarse, reenfocar los objetivos.
Nos hemos sacado un gran peso de encima, pero eso no significa que la
sociedad haya cambiado, queda mucho por hacer.
Por supuesto que lo que hay que hacer ahora no es equivalente a la dura
lucha anterior, yo pague un precio muy alto por pelear por mi libertad, estuve
“desaparecido”, torturado, y tuve que exiliarme para salvar mi vida. Ahora hay organizaciones oficializadas y, en
las grandes ciudades de la Argentina se puede ser queer libremente. Pero el
país es mucho más grande, y en el interior la situación aún no ha cambiado
tanto, las fobias continúan, el flagelo de la iglesia católica y de las
fundamentalistas sigue imperando, la ultraderecha está firme en sus posiciones
retrogradas, y muchxs jóvenes siguen siendo perseguidos, golpeados, echados de
sus hogares, abusados. Ahora, más que
nunca, es el momento de educar, de enseñarle a la sociedad a comportarse. O sea, queda muchísima tela aún por cortar.
Sabemos que usted pasa alguna parte de su tiempo en España,
que desde el año 2005 aprobó el matrimonio entre parejas del mismo sexo ¿Qué
evoluciones sociales ha producido este hecho? Y ¿qué evoluciones podríamos
esperar en Argentina y el contexto latinoamericano?
Sí, es verdad, paso mucho tiempo en España. Eso me ha permitido ver toda la evolución
política y social que ha habido desde antes de que se aprobara la ley de
matrimonio igualitario. La ventaja que
ha tenido España es que los grupos comprendieron que si estaban dispersos,
jamás podrían alcanzar nada, y se unieron, y lo lograron. Hubo un tiempo cuando también allá cada uno
se preocupaba por llevar agua sólo a su molino, todos tenían la verdad única, y
se peleaban con los demás. Hasta que
aparecieron algunas figuras, entre ellas la de un verdadero político luchador
que es Pedro Zerolo, que supo lograr esa unión, y mantenerla después de que
pasó la ley. Ahora en España se han
enfocado en la educación en todos los niveles y, como podemos ver, eso lleva
mucho tiempo y dedicación, son siete años, y recién están comenzando. Y todavía podemos ver que continúa el nefasto
poder de la ultraderecha representada por las iglesias y el Partido Popular
que, desafortunadamente, quizá gane las próximas elecciones nacionales. Si eso sucede, van a tener mucho que pelear
para poder defender lo que se ha conseguido hasta hoy. En Argentina se ha visto
una evolución, existe una mayor apertura.
Como sabemos, una de las armas más poderosas para cambiar a la sociedad,
es el arte. En este momento, creo que
hay en cartel más de veinte obras teatrales de temática queer, y muchas más
programadas para el resto del año. Las
he visto a todas, y me sorprende ver que la audiencia tiene un 80% de
componente heterosexual, gente que no sólo va a ver la novedad, sino que va a
ver un espectáculo de calidad, y que sale con una visión diferente de la que
tenía al ingresar a la sala. De lo que
sé, el efecto dominó está comenzando a producirse en el resto de Latinoamérica,
el proyecto de ley de matrimonio igualitario está moviéndose en varios
países—Brasil, Urugual, Paraguay, Perú, Bolivia—y las posibilidades de que
podamos celebrarlo están próximas. Y
ahora que el Estado de Nueva York, aprobó la ley—ya son seis estados de la
Unión que la han aprobado, pero este es el de mayor densidad—creo que es el
comienzo del gran cambio que esperan lxs compañerxs del norte. También México está cerca, eso sería muy
saludable para lograr un cambio en la tan fóbica Centroamérica. Canadá es uno
de los países pioneros y donde más cambios se han logrado.
Existe el imaginario colectivo de que en Europa la
aceptación a la comunidad LGBT es más amplia, mas sin embargo nos topamos con
casos como la reciente negativa del parlamento francés al matrimonio y la
persecución a maestros homosexuales en Hungría. ¿Qué nos quieres manifestar
estos hechos?
Me encanta que expreses de ese modo tu pregunta, hablando
del “imaginario colectivo”. La gente
mira mucha televisión, y eso les hace creer que en otros lugares hay
paraísos. Pero no es así, muy por el
contrario. La gente ve la vida de las
grandes capitales, van de vacaciones por un mes y no se enteran de que hay más
que lo que ven en los centros turísticos.
Aún en España, no van a conocer la “España profunda”. Francia no es París, ni Inglaterra
Londres. Las fobias siguen vigentes, en
todo el mundo. Por eso insisto,
necesitamos tener un frente consistente, va a ser la única manera de luchar
para cambiar a la sociedad. Mientras
algunos dirigentes continúen pensando en su beneficio personal, no vamos a
avanzar, ni en Latinoamérica ni en el resto del mundo, ese mundo que nos venden
como “primero” y es tan obsoleto como nuestro “tercero”.
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