Por Willy Diversia – Corresponsable Brranquilla
La comunidad Trans (Transformistas, travestis, transgéneros,
transexuales) son tal vez el eslabón más débil en la cadena de lucha por el
reconocimiento de la igualdad de derechos a nivel mundial. Es preocupante
sobretodo la difícil accesibilidad que tienen estos y estas a los derechos
integrales de educación y trabajo. Al parecer, el tener una identidad de género
alternativa, y expresarla, es unas condenas fortuitas a un estilo y expresión
de vida indignas para cualquier persona.
Sin embargo, en medio de la injusticia y transgresiones
diarias cada día conocemos casos alentadores, de personas que a pesar de la
fuerte oposición y numerosísimos obstáculos que se han presentado en sus vidas,
han logrado anteponer sus capacidades y demostrar que las identidad de género
es un factor que no impide el desarrollo personal y profesional. Mujeres como
Brigitte Baptiste, directora del Instituto Alexander Von Humboldt en Colombia y
Carla Antonelli diputada en la asamblea de Madrid en España, han demostrado que
si se puede, y sobretodo que el sector trans tiene muchísimo que aportar a la
sociedad.
Sin desmeritar los casos anteriormente mencionados, creo que
es aun mas loable la labor de personas que han logrado posicionarse
profesionalmente por encima de los perjuicios que pueda evocar la expresión de su identidad de género, en países
donde el reconocimiento de derechos a la comunidad LGBT es inferior, por no
decir que nulo. Y es precisamente uno de estos casos el que quiero destacar hoy Tamara Adrian es una abogada transexual que aparte de
destacarse por su fuerte activismo en su país natal, Venezuela, es una
respetada autoridad en el mundo de la jurisprudencia. No solo es doctora en
derecho de la universidad de parís, además es profesora de una importante
institución de educación superior ( y católica por cierto) y en el año 2010
estuvo postulada a una magistratura de la Sala Constitucional de la Tribunal
Supremo de Justicia de Venezuela.
En una coyuntura tan importante como las que está
protagonizando el sector LGBT a nivel internacional, quise conversar con Támara
quien amablemente y a pesar de sus múltiples ocupaciones aparto un tiempo para
responder a la siguiente entrevista:
Uno podría tener
la sensación que al estar una mujer
transexual postulada para una magistratura de la Sala Constitucional del
Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, en dicho país hay unos progresos
significativos en cuanto al reconocimiento de las diversas identidades de
género. Pero ¿en realidad es así?
Desgraciadamente Venezuela se encuentra en uno de los
últimos lugares en América Latina en cuanto a avances relativos a derechos de
la población LGBT. Podemos decir que nada ha cambiado desde finales de los años
noventa hasta la fecha, salvo por dos detalles que mencionaré. En 1998 se dictó
el Reglamento de la Ley Orgánica del Trabajo que estableció la no
discriminación por orientación sexual (no identidad de género), pero este ha
sido un texto que NUNCA se ha aplicado en ninguna decisión judicial, debido al
temor de hacer denuncias y a la desconfianza en el sistema judicial. Desde ese
momento no ocurrió nada hasta febrero 2008, cuando el Tribunal Supremo de
Justicia en Sala Constitucional señaló que discriminar a una persona por su
orientación sexual (no identidad de género) estaba prohibido por el artículo 21
constitucional que establece una enumeración ejemplificativa y no cerrada de
las causas de discriminación. Pero al mismo tiempo decidió que esta protección
contra la discriminación era individual pero no en el ámbito de las relaciones
de pareja. En noviembre 2010 logramos finalmente que el reglamento de policía
nacional estableciese la no discriminación por orientación sexual e identidad
de género. Y en diciembre 2010 se estableció esta causal de no discriminación
en la Ley Orgánica del Poder Popular. Pero en la práctica no se ha logrado ningún
avance significativo: ni en políticas públicas (prácticamente inexistentes); ni
en investigación de crímenes de odio; ni en derechos de pareja (ninguno); ni en
reconocimiento de la identidad de las personas transexuales (el TSJ guarda
silencio sobre mi solicitud desde mayo de 2004); ni siquiera en cuanto al
cambio de nombre simple.
Entonces, es un simple efecto de una labor individual de
algunas personas que nos hemos dedicado a lograr la visibilidad a toda costa; y
de algunos grupos de activistas que nos acompañan en esta tarea.
¿Qué progresos ha hecho la legislación venezolana a favor
del sector trans?
Como dije antes: ninguno. No se reconoce el cambio de nombre
y mucho menos el cambio de nombre y sexo de las personas transexuales.
Cuando analizamos los distintos informes que ilustran los
avances en materia de derechos para la comunidad LGBT alrededor del mundo, el
primer lugar siempre lo ocupan el matrimonio, la adopción, el reconocimiento de
los derechos patrimoniales entre parejas, etc. Pero poco se mencionan los
avances en cuanto al reconocimiento de las identidades sexuales y de
género. ¿Qué está indicando esto? ¿Una
endo discriminación dentro del activismo?
Es posible que haya una endo discriminación en ciertos
grupos gays y lésbicos. Pero además, es producto de la mayor vulnerabilidad de
los grupos de personas trans, que en general forman parte de la población más
excluida de cualquier derecho en todas partes del mundo. Y eso repercute en la
educación y su capacidad de organización. Afortunadamente viene cambiando, sólo
en cuanto a la organización; no en cuanto a las causas de exclusión. La
población trans se encuentra en una posición similar a la de un inmigrante sin
papeles en su propio país, agravada por el estigma.
¿Cuál es su visión del activismo trans en Latinoamérica?
¿hay una incidencia fuerte al respecto?
Ha venido evolucionando con la organización y sobre todo el
empoderamiento derivado del financiamiento de algunos planes de superación.
Estamos trabajando en diferentes frentes, pero el gran inconveniente es que
siendo una población altamente vulnerable, excluida y marginada, que ni
siquiera se concibe como persona digna de derechos iguales, y muchas veces sólo
tiene interés en sobrevivir el día a día, pero no en organizarse para lograr
una superación a mediano plazo: simplemente porque no se concibe como titular
de derechos, y porque su expectativa de vida raramente supera los 35 años. Hay
que cambiar las políticas públicas.
No podemos negar que en el sector LGBT existe una fuerte
endo discriminación entre cada una de estas letras e inclusive dentro de cada
una de ellas. Particularmente como transexual lesbiana ¿se ha sentido
discriminada dentro del mismo sector?
Creo que la lucha contra la discriminación empieza por el
respeto de cada uno de los factores. Y hay que luchar por esa inclusión.
¿Qué podemos esperar próximamente de Tamara Adrian la
activista?
Soy actualmente candidata nacional a elecciones abiertas del
partido Voluntad Popular, para formar parte del Equipo Nacional de Activistas
(ENA), equivalente a la directiva nacional. Todas las personas inscritas en el
padrón electoral podrán votar el 10 de julio. También estoy organizando en ese
partido el movimiento PRO Inclusión, que busca ser la voz de todas las minorías
para que el lema del partido: “todos los derechos para todas las personas” sea
una realidad “en la ley y en los hechos”: Comenzaremos a trabajar con personas
con discapacidad, personas con condición de salud crónica, mujeres
sobrevivientes de violencia, adultos mayores y grupos LGBT.

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