Por: Carlos Serrano (Fito)
Ayer miraba una columna de
opinión de un importante periódico de Colombia (en realidad no hay ninguno
importante pero…) y leí con bastante alegría que el columnista en cuestión
trataba muy bien desde el análisis heterosexual de un señor “varón” el asunto
de los matrimonios gays en la Argentina.
Argentina nación costumbrista,
con dejos de macho boleador, por eso de las costumbres gauchas, con una mezcla
heredada de su pasado ítalo – europeo, llena de contraste pero que siempre ha
intentado estar a la cabeza de lo que podríamos llamar “modernidad”, existe una
cierta tendencia a creerse el país Europeo de nuestra Latinoamérica y eso la
pone en una constante búsqueda de estar a la cabeza en todos los sentidos
frente a nosotros sus vecinos.
Así es como hace un par de
semanas pudimos ver con felicidad y con un sentimiento de agradecimiento que
esta nación de la mano de su presidenta Cristina Fernández cambiaba la historia
en el continente al finalizar un debate de forma positiva para todas y todos
los argentinos, se legislaba a favor del matrimonio civil entre personas del
mismo sexo, ya no más discriminación y no reconocimiento, ya nunca más la
imposibilidad de tener o conformar una familia, ya no más, la decepción de no
poder adoptar, ya no más el puto de la vereda sin identidad.
Esto no sólo le ha dado una brisa
de colores a nuestro continente si no que ha sembrado la esperanza en cada uno
de los países que lo componen, dándonos a todas y todos la posibilidad de
equilibrar nuestros derechos tomando como ejemplo este hecho histórico en la
nación de Sandra Mihanovic (ya en los años 80 esta espectacular cantante
provocaba la ira de la iglesia y de los sectores conservadores al declarase
públicamente lesbiana y además de hacer público su amor con otra rockera
albiceleste, la encantadora Celeste Carvallo). Ciertamente para los que
conocemos la Argentina creo que muchos podrán coincidir conmigo y es que el
tema del amor traspasa el género y la orientación por sus calles, hay un dejo
de libertad espiritual y de reconocer en el otro a un individuo más que al
personaje y esto también al mismo tiempo posibilita las relaciones entre
personas del mismo sexo, sin embargo nunca entendí esa histérica forma de
relacionarse sobre todo de los Bonaerenses en fin, ¿paraíso gay?, la verdad yo
no lo creo, pero de que es más fácil lo es.
Ahora cual es el aporte real al
asunto, es justamente el debate abierto en todos lados y por todos los flancos,
tenemos países como Chile en donde aún no se avanza nada en este tema y en
donde un colaborador del gobierno de derecha de turno está tratando de
presentar una ley para modificar las uniones de hecho como en nuestra Colombia
y a otro senador de izquierda haciendo lobby para presentar una ley de
matrimonio para personas del mismo sexo como en la Argentina; en México también
se avanza y en otros lugares se ha comenzado a discutir el porqué no, cual es
el impedimento real de que esto no se pueda hacer. ¿Por qué razón en todas
estas naciones que se dicen fiadoras de los Derechos Humanos y en donde los
estados y los gobiernos se han declarado garantes del desarrollo económico y social
de sus países, aún se nos prohíbe estar y ser igual al resto de las y los
ciudadanos?.
Volviendo a la columna que dicho
de paso apareció en el diario El Espectador, este honesto y clarividente
columnista fue bastante maltratado de forma lingüística por sus conservadores
lectores, fue tanto el discurso fascista, y catequista que lo menos que le
dijeron era que se había vuelto un inepto; saco a colación esto justamente
porque más que los políticos y las organizaciones puedan hacer para alcanzar el
sueño de la igualdad en derechos en todas nuestras naciones americanas, tenemos
que a travesar un obstáculo más grande y ese lo podemos observar en las
descalificaciones y en las ofensas que nos entrega la Iglesia y los sectores
conservadores, las organizaciones protectoras de la familia nuclear y por
supuesto la derecha en el poder que en algunos caso gobierna con la Iglesia y
ahí es donde la cosa realmente se torna color de hormiga e innegociable.
Por eso la salida del closet de
famosos, deportistas, políticos, personalidades, escritores, actrices, y tantos
otros son un bien necesario para esta causa, cada miembro de una familia debe
comprender desde la vivencia que las personas que somos LGBT no somos distintos
y no estamos enfermos, que lo que queremos es que se nos permita vivir en paz y
con los mismos derechos que todas y que todos, no sé si el amor de la familia
realmente funcione, porque a veces lo aceptan a uno por ser parte de esta misma
pero el resto que se friegue “ porque esos si están enfermos”.
El asunto en cuestión es que
seguramente Cristina Fernández pasará a la historia no por ser mujer, no por
ser la esposa de un ex presidente, no por ser socialista y amiga de Chávez, si
no porque fue la persona que apoyó, respaldó e impulsó el matrimonio civil gay
en la nación austral, creando la necesidad de hablar de esto en todo el
continente. Ahora nos toca a nosotros, la sociedad civil, los civiles, las
organizaciones los que se dicen y son activistas, nos corresponde tomar el toro
por las astas y avanzar en la consecución de este derecho, que si bien
realmente no es importante debe existir para que quien quiera ejércelo lo haga.
La familia no es propiedad privada, no es una sociedad anónima y no le
pertenece ni al clero ni al estado, por concepto es una institución social
pilar en una sociedad y por tanto debe permitírsenos formarla.
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