MEMORIAS DEL CARNAVAL “GAY” DE BARRANQUILLA.
Una de las faltas más graves que cometemos contra el idioma
castellano, es la tergiversación progresiva y sistemática de algunos términos,
hasta el punto que su significado y trayectoria etimológica se ve deformada.
Este proceso, escoltado por el fuerte respaldo de la costumbre, altera la
semántica de nuestro lenguaje, haciendo que utilicemos ciertos términos de modo
incorrecto e ineficaz.
Por citar un ejemplo esta la palabra: fariseo. El dogma
cristiano ha logrado que relacionemos ese término con la traición, la envidia,
la apostasía y la blasfemia deliberada, considerada en algunas religiones como
el único pecado que Dios no perdona. Muchas personas llegan inclusive a
utilizarlo como una expresión de ofensa y para muchos, la sola comparación está
cargada de altos efectos peyorativos
Lo que muchos no saben, es que la palabra fariseo viene de
fariseísmo, el cual era una de las corrientes más antiguas y prominentes dentro
del judaísmo a principios de nuestra era. Los fariseos eran considerados
eruditos en la ley mosaica, por lo cual eran líderes espirituales respetados y
muy populares. De los antiguos fariseos surgió la línea rabínica ortodoxa de
los doctores de la ley que fue la que redactó los distintos Talmud. Además, se
distinguían por un cuidado celoso y preciso de la ley; concebían esta como un
muro que los diferenciaba de los gentiles (extranjeros) y de otros judíos de mala
reputación. (Delincuentes, prostitutas, recaudadores de impuestos, esenios,
zelotes entre otros.)
En la filosofía farisaica la ley era concebida como un muro
de protección, un referente de diferenciación entre lo piadoso y lo que no lo
era. De ese modo concluyeron que la mejor manera de no traspasar ese muro era
construirlo con una altitud superior a la estipulada para que fuese más difícil
violarlo; Por citar un ejemplo, si la
ley prohibía el consumo de un animal, los fariseos excluían de su alimentación
los animales de su misma clase; si la ley enmarcaba el lavado de las manos como
un requisito previo a la alimentación, ellos se bañaban antes de hacerlo. Entre
otras restricciones los fariseos optaron por no intervenir en cuestiones
políticas y gubernamentales, su intención, era no ir en contra de dios como
supremo y único con derecho a gobernar.
Bajo una correcta interpretación, terminaríamos por concluir
que muchos y muchas somos fariseos sin darnos cuenta y tal vez sin ni siquiera
proponérnoslo. Cuando alguien se impone
límites por debajo de los establecidos, cuando alguien se margina de tomar decisiones
y de pensar en asuntos que intervienen en su vida y en la de su medio social,
esta de algún modo tangencial apostando al fariseísmo.
El término: política, es otro concepto que también se ha
deteriorado. La gente conecta la política con los empleados públicos que
ostentan deseados cargos de elección popular y no como la reflexión crítica
sobre la conveniencia de determinadas disposiciones a una población, espacio y
condiciones determinadas. La gente cree que el proselitismo político son las
hipócritas campañas donde reparten una vez cada 3 o 4 años comida y materiales
de construcción a los más necesitados a cambio de votos y tal vez muchos no verían como política los ya
famosos grafitis virtuales del activista Álvaro Hache más conocido como “loca
jarta” en los cuales realiza profundas
críticas de diversos temas en máximo
dos líneas, perfecto para las personas que no les gusta leer este tipo
de artículos pesados de más de un párrafo.
El pasado 26 de febrero, en el marco de las celebraciones de
los pre carnavales de Barranquilla la ya nacionalmente famosa Guacherna gay,
(la cual nunca he entendido porque se autoproclama gay cuando un 98% de la
participación es del sector trans) este año, aparte del nunca antes visto
despliegue de seguridad que aporto la policía, me llamo la atención un
pasacalle de la organización FUNDARVI
que rezaba: “Respetar las diferencias es tan importante como usar el condón”.
Ver este mensaje me sorprendió mucho, no por el mensaje como tal, ni por su
autor Heriberto Mejía quien es un férreo abanderado de la lucha en contra la
propagación del VIH y los derechos de la comunidad LGBT, lo que me sorprendió,
fue que en cuatro años que llevo de observar el desfile, por primera y única
vez note la presencia de un mensaje diferente al que comunican los senos
perfectos de las participantes, al son de tambores y flautas.
Entonces recordé una corta entrevista que me concedió el
señor Jairo Polo, presidente de CORPOGAY, la organización que ha impulsado el
desfile desde hace más de veinte años; en ella, él aclaro tajantemente que el
desfile no tiene ningún fin político y que se limita a ser un ente cultural y
artístico. En ese momento me pregunte: ¿es coherente que una organización LGBT
mantenga una postura políticamente neutral (definiendo la política como las
formas de profesar el ejercicio democrático e igualitario de la ciudadanía en
un estado social de derecho) cuando a nivel nacional e internacional se llevan
a cabo importantes procesos en pro de los derechos de una comunidad milenariamente
discriminada? Comunidad que impulsan y de la que además hacen parte.
¿es coherente que una organización LGBT mantenga una postura
políticamente neutral (definiendo la política como modo de concebir el
ejercicio democrático de la vida en sociedad) cuando se están llevando a cabo
procesos importantes para el reconocimiento de la comunidad a nivel nacional e
internacional?¿es coherente que una organización LGBT mantenga una postura políticamente
neutral (definiendo la política como modo de concebir el ejercicio democrático
de la vida en sociedad) cuando se están llevando a cabo procesos importantes
para el reconocimiento de la comunidad a nivel nacional e internacional? ”Respetar
las diferencias es tan importante como usar condón”
No se puede negar lo que ha hecho la corporación carnaval
gay de Barraquilla durante más de dos décadas, ellos fueron los primeros valientes en atreverse y
en ganar un espacio y visibilizando a la comunidad trans de forma pública en un
acto especial. Pero tampoco se puede ignorar que la ya nacionalmente famosa
guacherna “gay” es también la más grande manifestación de homofobia del pueblo
barranquillero. Personalmente no entiendo como las mismas trans tienen los
cojones tan bien puestos como para salir cada año tan bellas y acicaladas para
recibir unos cuantos aplausos a cambio de rechiflas y palabras soeces en medio
de los desadaptados que se atreven inclusive a opacar su presentación con
maicena y espuma. No entiendo como el presidente de la corporación puede
marginar tan decididamente la reflexión política de una comunidad que es
vituperada y cuya máxima expresión la encontramos en cada esquina del recorrido
que hace este evento.
Y es que al ver esos trajes tan elaborados me pregunte:
¿Por qué nadie se gastó dos mil pesos en
una cartulina y un marcador para grabar un NO A LA HOMOFOBIA Y TRANSFOBIA en un
lugar visible? o mejor aún, algo así como: PERSONAS LIBRES, ESTADOS LAICOS,
teniendo en cuenta la persecución que nos ha declarado en los últimos días
nuestro “querido” procurador general de la nación sustentado en sus posiciones
claramente imparciales.
Al mostrarse tan políticamente neutral, el carnaval “gay”
refuerza un mítico y tradicional estereotipo de lo que la sociedad cree que
somos como LGBT, siendo esta la única oportunidad existente que tenemos de
declarar pública y masivamente nuestra existencia en Barranquilla, ¿Por qué no
mostrar que somos mucho más que la gallardía de salir a bailar en una calle,
que somos más que pomposos vestidos, plumas, lentejuelas, tetas, culos y
silicona? ¿Cómo una manifestación LGBT no va a expresar un mínimo apoyo a
procesos tan importantes como los que se están librando en el país en cuanto a
los derechos del sector? ¿Cómo no hubo una mínima manifestación de repudio al
asesinato de activistas gay en África o de las chicas trans en Centroamérica?
Ah, pero eso no es sorpresa, tampoco la hubo en el año 2008 cuando dos trans
barranquilleras, que muy probablemente participaron alguna vez en ese desfile
fueron masacradas por un miembro de la fuerza pública y otra que fue asesinada
poco después, en circunstancias aún no esclarecidas.
Y sé que muchos pensaran que eso no cabe en carnavales, que
las celebraciones de Joselito son fiesta y jolgorio; que así como el distrito
gasta millonarios aportes en las festividades del dios momo, al tiempo que
muchos de los damnificados por el invierno todavía yacen en improvisados
cambuches fabricados con bolsas de basura, nosotros también tenemos derecho a
la banalidad y el esparcimiento, pero a estos les digo que NOSOTROS no nos
podemos dar el lujo de ser políticamente neutrales, somos nosotros los que
somos marginados y tratados como ciudadanos de segunda clase, somos nosotros
los que además de impuestos tenemos la carga de demostrar nuestra igualdad, por
ese sencillo pliego de razones nosotros no podemos ser igual a la sociedad que
nos vulnera, nosotros tenemos la obligación de ser mejores.
Dedicado a Claudia López, su absolución ha sido el mejor
regalo a los periodistas en su mes.
PD: (ojala algún día lea esto)
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